sábado, 16 de agosto de 2014

Lo que pasó en el 182

Eran las 12:30 pm después de una clase de filosofía de 4 horas, cualquiera por más activo que sea necesita descansar. El 182 no venía, tal vez lo habré esperado casi 20 minutos acompañada de una temperatura no más de 12 grados.
Al fin llegó, se hizo esperar.
Subí como todos los días pedí hasta "hurlingham" y me senté en el fondo, me puse los auriculares, un poco de música y elegí el lado de la ventana como tanto me gusta, el sol me acompañó un largo rato y logró que se me cierren un poco los ojos pero no llegué a dormir, siempre tengo miedo de dormirme y despertar en otro continente amordazada, pero eso no viene al caso.
En Haedo sube una señora un tanto mayor, sacó su boleto y todos los asientos de adelante, los que son reservados  para discapacitados o ancianos estaban ocupados, pero no por discapacitados ni por ancianos, gente cansada tal vez, no importa, lo que uno debe hacer es dar ese asiento, pero claro, a todos les agarró un ataque de narcolepsia.
Casi que no lo podía creer, la señora tuvo que caminar hasta el fondo, le toqué la espalda y le dije por favor que se sentara. Me lo agradeció.
Sube otro señor mayor al colectivo y vuelve a pasar lo mismo y le tuve que dar yo otro asiento. Me lo agradeció y me regaló un diario, como si hubiese sido un trueque, asiento-regalo.
La señora me llama y me dice; "Quedate cerca que ya me bajo". No tengo problema de estar parada, le contesté.
De todos modos se baja y logro sentarme y ella me dice; "Todavía la Argentina tiene jóvenes hermosos, no todo está perdido, muchas gracias por lo que hiciste".
Me di cuenta que haciendo poco hacemos mucho.